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jueves, 3 de marzo de 2016



Aplicar este principio te permitirá generar los máximos beneficios con la mínima inversión de recursos y esfuerzo.

En todos los tamaños de la empresa, es prácticamente seguro que obtiene el 80% de sus beneficios y sus ingresos del 20% de la actividad y las inversiones. La clave reside en encontrar ese 20%.

Para identificar las mejores áreas de tu negocio, tendrás que hacer un análisis 80/20 de beneficios.

* Por producto o por grupo/tipo de producto.
-Cuál es el 20% de productos que dan el 80% de los beneficios.
-Cuál es el 20% de productos que generan el 80% de las ventas.
-Cuál es el 20% de productos que dan origen al 80% de las reclamaciones.
-Cuál es el 20% de productos que origina el 80% de los costes.
-Cuál es el 20% de productos que ocupan el 80% de tu almacén.

* Por cliente o por grupo/tipo de cliente.
-Cuál es el 20% de clientes que originan el 80% de tus beneficios.
-Cuál es el 20% de clientes que son el 80% de tus ventas.
-Cuál es el 20% de clientes que realizan el 80% de las reclamaciones.
-Cuál es el 20% de clientes que absorbe el 80% de tu tiempo.

* Por cualquier otra categoría relevante como área geográfica o canal de distribución.
-Presencial o canal físico. Regional o local.
-Internet.
-Distribución nacional o internacional.

Las preguntas 80/20 son las mismas.

El mejor modo de ganar dinero es dejar de perderlo.
Pues, dicho así, parece muy fácil de entender, y sobre todo, no demasiado complejo para pasar a la acción y conseguir una mejora rápida, pero luego no es tan sencillo. ¿Qué ocurre?

Te aferras a hacer las cosas como siempre las has hecho

A pesar de la evidencia a casi todo el mundo le resulta increíble que esto pueda ser así, aunque análisis tras análisis se demuestra. Se suele aducir que hacen falta las operaciones menos productivas para hacer frente a los gastos generales.

En cuanto una empresa sencilla alcanza cierto éxito, se administra de una forma mucho más compleja, introduce demasiados productos y servicios que hacen que de inmediato crezcan los gastos generales. Esto reduce los beneficios con una gran efectividad.

El valor de la simplicidad, o mantener los gastos lo más controlados posible.

En teoría, las empresas más grandes tienen ventajas en cuanto a la escala y de la cuota de mercado, pero en la práctica a pesar de vender mucho, su rendimiento no se traduce en una mayor rentabilidad.

Gunter Rommel (“Simplicity Wins”, Cambridge Mass. Harvard Business School Press 1996) realizó un interesante trabajo de campo “Estudio sobre 39 empresas alemanas de tamaño medio” que concluyó que la única característica que diferenciaba a las mejores de las que tenían menos éxito era la simplicidad.

Las mejores ofrecían una gama de productos más limitada a menos clientes y también contaban con menos proveedores. El estudio concluye que las organizaciones sencillas venden mejor los productos complejos.

Medidas pueden ser más eficaces

1. Huye del exceso de diversificación de productos, como hemos visto en el artículo de las decisiones, el que haya algún producto más no añade demasiada satisfacción a los clientes y en cambio, multiplica los costes asociados.

2. Céntrate en los pocos clientes mejores. Averigua cuál es el 20% de los clientes que generan los mayores ingresos y beneficios y asegúrate de satisfacer sus necesidades.

3. El marketing más potente se enfoca en una cantidad relativamente reducida de clientes, los más activos a la hora de consumir el producto o servicio en cuestión. El 20% que va ser sin dudas el más rentable.

4. Una de las acciones más rentables que se puede acometer es centrarse en ofrecer nuevos productos y servicios a ese 20% de los clientes principales, y desarrollarlos exclusivamente para ellos.

Vender más a los clientes principales, no es vender más de lo mismo. Sino satisfacer mejor sus necesidades. Si es posible y se desarrollan conjuntamente con ellos mucho mejor.

Dale un repaso a la base de antiguos clientes, un antiguo cliente satisfecho es más fácil que vuelva que conseguir uno nuevo.

La verdadera medida de la salud de un negocio consiste en la solidez, la profundidad y la duración de su relación con los clientes principales, también ahora los llaman “ideales”, es lo que te dará futuro en tu actividad, el principio 80/20, te ayudará a determinar quiénes son y cómo les vas a atender.

Comparto este articulo ya que es muy importante en inversiones enfocarnos en lo que nos genera ganancias ósea saber cuál es ese 20% que Nos hace perder el 80% de nuestro capital.

Corregir ese 20% y estaremos ganando el 80%.



Lo primero que se debe entender es que gestionar una cartera de inversión no es cosa fácil. No solo basta con aprender a comprar acciones, también hay que saber cómo venderlas, y sobre todo cuándo es el momento propicio para hacerlo.
Si piensa que lo que más cuesta es tomar la decisión de comprar una acción, determinar el momento de venderla es a veces mucho más complicado. A continuación exponemos cinco datos clave para dar el salto hacia un lado o al otro, es decir, de la toma de las posibles ganancias en una acción desde el momento de la compra o de la aceptación de la pérdida.

1. Fijar un precio objetivo

Cuando se procede a comprar una acción los inversionistas astutos suelen fijar un precio objetivo, o por lo menos establecer un rango de precios en el que se consideraría apropiado vender las acciones. Es importante hacer esto en frío, seguir el plan al pie de la letra y no dejarse llevar por las emociones del momento. La tarea de llegar a un precio único no resulta fácil ni para el inversionista más experimentado. Por eso, en lugar de establecer una sola cifra, sería una buena idea establecer un intervalo o rango de precios, generalmente un porcentaje de la subida o la caída respecto del precio de compra, para vender sus acciones.

2. No perder de vista los fundamentales

Monitorear el desempeño del negocio subyacente de una empresa que cotiza en bolsa es muy importante. Hay algunas señales que nos dan motivos para tomar la decisión de vender una acción. Una razón clave para hacerlo es si los fundamentales de la empresa pierden forma. En un mundo ideal, un inversionista se daría cuenta de un deterioro en las ventas, márgenes de ganancias, flujo de efectivo u otros operativos esenciales, antes de que el precio de la acción comience a disminuir. Pero en el mundo financiero esta tarea puede no ser nada fácil, de ahí la importancia de esta siempre informado. Es imprescindible saber en dónde invertimos nuestro dinero y qué están haciendo esas empresas con él.

3. Una mejor oportunidad en el horizonte

El costo de oportunidad es un beneficio que podría haberse obtenido por haber invertido en otra alternativa. Por ello, antes de quedarse con una acción es importante que compare las ganancias potenciales que podría obtener con el mismo capital si compra otra acción. Si esa alternativa es mejor, entonces tiene sentido vender el activo actual y comprar el otro. La identificación precisa de costo de oportunidad es muy difícil, pero comparar los ratios de las empresas, como elprice to earnings, podría ser de gran utilidad.

4. Después de una fusión

Cuando un inversionista tiene la suerte de poseer una acción de una empresa que acaba de ser adquirida por una buena cantidad de dinero, entonces el mejor curso de acción puede ser la venta de dicho valor. En algunos casos, no obstante, conviene continuar siendo dueño de las acciones después de una fusión, en el caso de que la nueva empresa muestre fortaleza o cuente con una posición de predominancia en el sector en donde opera. Sin embargo, las fusiones suelen esconder sorpresas. Desde una perspectiva de costo de oportunidad, puede tener sentido buscar una oportunidad de inversión alternativa con mejor potencial de crecimiento.

5. En caso de quiebra

Aunque pueda parecer obvio, es importante decir que una empresa en quiebra no tiene ningún valor para los accionistas. Por lo tanto, si una empresa quiebra o está por hacerlo, no espera ¡venda!


Fuente: El Economista


Si quieres hacer crecer tu dinero a través del mercado bursátil, esta es la etapa de la vida indicada para comenzar a hacerlo.

Cuando escuchamos que alguien invierte en la Bolsa de Valores, parece lejano y exclusivo de gente experimentada. Sin embargo, la juventud es la etapa ideal para hacerlo, coinciden expertos.

Incursionar en el mercado bursátil al inicio de tu vida laboral da la oportunidad de aprovechar al máximo las inversiones a largo plazo, así como asumir un perfil de alto riesgo como inversionista.

Con los conocimientos pertinentes y la ayuda adecuada, tu incursión en este sector puede comenzar de manera temprana y de este modo adquirir suficiente experiencia para pensar paulatinamente en distintos instrumentos de inversión, así como niveles de riesgo.

Asesoría, fundamental
“No veo problema en que alguien menor de 30 años empiece a invertir en la Bolsa, ya hay muchas personas que lo hacen y con buenos resultados. Aquí hay dos opciones: entrar solo y asumir riesgos por nuestra cuenta, o pedir asesoría y ser apoyados en la toma de decisiones por un experto”, comenta Louis Guisset, director de Banca Privada de Invex Banco.

Ya sea que acudas con un asesor o vayas por tu cuenta, advierte el experto, hay aspectos que necesariamente debes tener en claro, como tu perfil de inversionista, el tipo de riesgo que estás dispuesto a tomar y el porcentaje de tu patrimonio que deseas invertir en Bolsa, pues son rubros muy personales y dejar que tu asesor decida en ellos puede no traer los resultados esperados.

En este sentido, la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de las Instituciones Financieras (Condusef) advierte que uno de los consejos básicos para todo inversionista es no acudir a instrumentos que no conozca; entre más información tengas sobre cada uno de ellos, mayor capacidad tendrás para sacarle provecho a tus inversiones.

De este modo, al conocer los conceptos básicos utilizados en el sector, así como darle seguimiento al mercado, sabrás de qué te hablan los ejecutivos y asesores de las instituciones financieras, lo que te permitirá participar activamente en las decisiones sobre qué hacer con tu dinero y cómo obtener mayores rendimientos, añade la comisión.

“Actualmente hay mucha información en línea, todo es muy accesible; la gente debería aprovechar esto para comenzar a enseñar a los jóvenes a interesarse en ello (...) No importa la edad si te acercas a los asesores financieros adecuados”, reitera Guisset.

Pensar a largo plazo

El experto de Invex enfatiza que “en general, la Bolsa se trata de una actividad a largo plazo, que en el mundo financiero son más de tres años; aunque puedes comprar una acción y venderla 15 minutos después, técnicamente entrar a este sector es un compromiso que te dará beneficios si permaneces por un largo periodo. Las entradas y salidas constantes pueden impactar en los resultados”.

Por ello, entrar al mercado a corta edad trae más beneficios a la larga, y en este sentido, la Condusef exhorta a cuidar tu plazo de inversión, pues aunque el mercado accionario tiene un alto grado de volatilidad, no hay por qué asustarse si en el corto plazo hay pérdidas. “Es necesario aguantar y no vender. Probablemente, al término de tu inversión, ésta se recupere”, añade.

Pensar en mantener las inversiones por un largo periodo, además, puede permitirte asumir un perfil más riesgoso de inversión y así hacer que tu dinero crezca al darle mayores márgenes de recuperación si hay caídas. Sin embargo, los expertos recomiendan ser cauteloso en este aspecto y apegarse a los consejos de un asesor financiero.

“Muchos jóvenes tienden a ser muy ambiciosos y quererse comer el mundo, entonces en general toman más riesgos; al tener una vida por delante, quizá se presta a un perfil más agresivo, a diferencia de una persona en otra etapa de vida, pero hay que hacerlo con cuidado”, puntualiza Guisset.
Por ello, la Condusef enfatiza que tu asesor debe dar respuesta puntual y clara a todas tus dudas, así como ayudarte a invertir de acuerdo a tu nivel de tolerancia al riesgo, plazo de la inversión, meta financiera y situación financiera actual.

Diversificación, la clave

La regla de oro, coinciden expertos, es la diversificación; es decir, repartir tus inversiones en varios instrumentos, pues de esta manera proteges tu dinero, pero también obtienes los mejores resultados en el crecimiento de tus activos y con distintos niveles de liquidez.

“Aproximadamente 90% de tu rendimiento se derivará de cómo decidas la colocación de activos, y sólo 10% de la emisora que compraste, es decir, de las empresas”, comenta Guisset.

“La primera parte está determinada por la proporción que pusiste entre renta variable local, renta variable internacional, deuda de largo plazo, deuda de corto plazo y deuda internacional, por ejemplo. Sólo la décima parte se derivará de la decisión de comprar acciones de una empresa u otra”, detalla el experto de Invex.

Cómo diversifiques tus activos, añade, es probablemente el factor más importante en el éxito de desempeño de tu patrimonio. La importancia de recurrir a un asesor también influye en esto, pues te ayudará a decidir qué instrumentos se adaptan mejor a tus objetivos y condiciones financieras.
Al respecto, la Condusef destaca que la forma más directa de invertir en Bolsa es a través de fondos que permitan beneficiarte del ahorro en instrumentos bursátiles.
Es por ello que recomienda diversificar la inversión en el siguiente orden: primero, en fondos de inversión en instrumentos de deuda; segundo, en fondos de inversión de renta variable, y tercero, al comprar acciones directamente.

Otra vía de acceso a la Bolsa, expone, es a través de los bancos, pues te permiten invertir en la Bolsa si eres cliente de su banca privada o patrimonial. Además de estas entidades, las operadoras y distribuidoras de fondos son otro canal de acceso a la inversión en acciones.

“No empezaría como joven a adentrarme por mi cuenta en el mercado, sería muy peligroso; recurrir a un asesor que me explique lo que está haciendo me ayudará no sólo a aprovechar mejor mis activos, sino a ir ganando experiencia”, concluye Guisset.

Sin precipitarse

Si tus condiciones financieras te lo permiten, puedes incursionar en el mercado bursátil a través de estos consejos para inversionistas primerizos:

-Elabora un plan de inversión y, con base en éste, fíjate metas de rentabilidad. De este modo, sabrás cuánto puedes invertir en la Bolsa y a qué plazo.

-Un buen inicio es elegir un fondo de inversión de instrumentos de deuda. Revisa los rendimientos históricos de los fondos de este tipo que existen en el mercado.

-Checa las comisiones que deberás pagar en términos de compra, venta y administración. Las comisiones pueden absorber una parte de tus ganancias.

-Revisa periódicamente, junto a tu asesor, el comportamiento de tus inversiones. Si no han dado los resultados que esperabas, evalúa los cambios que necesitas hacer.

-Tu asesor debe dar respuesta clara a tus dudas, así como ayudarte de acuerdo con tu perfil de riesgo, plazo de la inversión y situación financiera actual.
-Invierte sólo con intermediarios financieros que estén debidamente autorizados, regulados y supervisados por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

-Invierte en la Bolsa con una visión de empresario. Piensa de qué gran empresa quieres ser “dueño” y con cuánto porcentaje deseas participar en sus utilidades.

-Cuida tu plazo de inversión. El mercado accionario es volátil, no te asustes si a corto plazo tienes pérdidas, no vendas. Probablemente, al término de tu inversión, se recupere.


-Considera siempre la inversión en acciones como una inversión de largo plazo. Mantente informado de lo que pasa en México y el mundo y capacítate en temas de Bolsa.


En rigor, existen tantas estrategias como inversores en el mundo, dado que cada uno deberá ajustar sus políticas a sus necesidades concretas en determinado momento. Sin embargo, podemos señalar que existen algunas clases que son bastante diferentes y que forman un buen marco conceptual para entender las alternativas existentes. Inversores de portafolio.

Esta  clase  de  estrategias  suele  ser  la   más conservadora y tradicional. Principalmente, consiste en seleccionar una determinada distribución del portafolio en clases de activos: bonos de alto y bajo riesgo, acciones de países desarrollados, emergentes etc. Los inversores de menor tolerancia al riesgo le darán mayor asignación a los más seguros y viceversa. En general, no seleccionan activos individuales, sino que tiende a utilizar instrumentos como los EtF o los fondos de inversión para tener una cartera ampliamente diversificada.

Tienden a tener una baja rotación en su cartera y realizan rebalanceos periódicos como máximo una vez por mes. Para agregarle algo de flexibilidad, se reposicionan en forma táctica. Este es un esquema mixto que no es tan pasivo como la administración tradicional pero tampoco tan activo como las más dinámicas. En estos casos se define un rango de porcentaje para cada clase de activos en el portafolio. Podríamos decir, por ejemplo, que el porcentaje correspondiente a acciones va a estar entre un 30% y un 60% del total. Una vez definidos estos rangos, se permite cierta discrecionalidad dentro de los límites establecidos. Si el inversor considera que es un buen momento para invertir en ellas estará seguramente más cerca del 60 que del 30%.
Selección de Activos.

A diferencia de los inversores de portafolio, esta clase de operadores no se enfoca tanto en el tipo de activos sino que busca activos individuales para colocar su capital. Mientras que el de portafolio decidirá qué porcentaje de su cartera destinar a acciones de empresas tecnológicas, el seleccionador se pregunta.

Si comprar o no acciones de una determinada empresa en el sector tecnológico.
Tradicionalmente, éstos se dedican mucho a los papeles individuales, y utilizan  el  análisis  fundamental para determinar cuáles son las acciones (o CFDs de acciones) que presentan las mejores perspectivas de inversión. En los últimos años, sin embargo, muchos de ellos han incrementado el uso de otros instrumentos como divisas o EtF para ampliar su operatoria.

Incluso dentro de los que se manejan principalmente con acciones individuales existen muchas diferencias de estilo que pueden llevarlos a tomar decisiones radicalmente diferentes e incluso tener posiciones opuestas acerca de si las acciones de determinada empresa son o no una buena oportunidad.
Algunos prefieren las acciones de crecimiento; aquellas compañías que tienen los productos o servicios más innovadores y la capacidad de incrementar a un veloz ritmo sus ventas y ganancias para los próximos años. Suelen ser los que se enfocan en negocios con un alto componente tecnológico.

Otros prefieren, en cambio, las compañías seguras y estables, con un sólido historial de buenos resultados y una amplia trayectoria atravesando sin problemas las dificultades de su industria y los períodos económicos adversos. Generalmente, apuntan a compañías con gran tamaño y una posición de mercado dominante.

También, quienes buscan comprar aquellas acciones que nadie más desea en ese momento, apostando a que el mercado exagera la gravedad de sus problemas y que, con el paso del tiempo, se demostrará que estaban subvaluadas.

Esta clase de inversores está siempre a la búsqueda de los activos cuyo precio haya caído considerablemente; por ejemplo una empresa que está enfrentando problemas legales u otra cuyo valor haya caído por los problemas económicos del país en el cual lleva adelante sus operaciones.

Traders
Esta clase de operadores se apoya principalmente en el análisis técnico para la toma de decisiones. Generalmente operan productos que permitan altos niveles de apalancamiento como las divisas, los futuros o los CFDs. El plazo de sus operaciones puede ser de lo más variado, desde varios meses hasta unos pocos minutos.

Algunos de estos operadores se dedican a un solo producto; por ejemplo, hay muchos que realizan operaciones intradiaras con los futuros del índice S&P 500. Otros tienen mayor flexibilidad como sucede, por ejemplo, con la enorme comunidad de traders que se dedica a operar con diferentes cruces del mercado de divisas.

También, existen otros que seleccionan entre diferentes clases de activos según cual les parezca que presenta las mejores oportunidades en un momento determinado, y pueden tener portafolios compuestos por las más diversas clases de activos en función de su conveniencia.

A su vez, podríamos diferenciar entre operadores discrecionales y los que se basan en reglas predeterminadas. Los primeros son los que dejan la puerta abierta a diferentes posibilidades según como evalúen la situación de cada activo en un momento particular. Los segundos, en cambio, siguen reglas fijas para entrar o salir de sus posiciones siguiendo, por ejemplo, modelos como los de cruces de medias móviles.


Como habitualmente operan con altos niveles de apalancamiento, les resulta muy importante contar con un sólido sistema de control de riesgos que limite las pérdidas en caso de que los mercados se les muevan en contra.


martes, 1 de marzo de 2016

¿Qué determina los movimientos de precios en los mercados?

Esta es la pregunta más común cuando intentamos entender el fascinante mundo de las inversiones financieras. Lamentablemente no existe una única respuesta aplicable a todos los activos en cualquier período de tiempo, pero sí existen muchísimas herramientas que pueden llevarnos a navegar con éxito por las oscilaciones de los mercados.

Podríamos decir que el precio de los activos depende de dos cuestiones: el valor económico o fundamental del mismo y las percepciones de los inversores sobre ese activo.

El análisis fundamental se encarga: de analizar las cuestiones económicas, financieras y empresariales que determinan este valor de los activos, mientras que el análisis técnico se ocupa de estudiar la evolución de los precios para comprender las percepciones del mercado y tomar decisiones de inversión en base a estos factores.

El análisis fundamental puede diferenciarse en “top – down” (de arriba hacia abajo) o “bottom– up”  (de abajo hacia arriba). El primero comienza analizando las grandes tendencias económicas globales para luego seleccionar en base a esto los mejores países, sectores o industrias y en última instancia elegir los instrumentos más atractivos dentro de estos sectores previamente seleccionados.

El análisis bottom–up, en cambio, selecciona primero las empresas que mejores perspectivas muestren para luego analizar cuestiones más generales como los países o industrias en las que opera la firma.

El análisis fundamental se encarga por tanto de analizar datos económicos de los países o diferentes ratios de rentabilidad o valuación de las empresas. Según la estrategia de cada inversor, se pondrá mayor atención a algunos factores u otros. Los inversores que se enfocan más a índices, commodities o divisas prestan mayor atención a las noticias de la economía y cuestiones relacionadas, dado que son las que más afectan a estos instrumentos. Quienes seleccionan acciones de empresas particulares, en cambio, no pueden dejar de analizar la información particular de la compañía en cuestión.

El análisis técnico, a diferencia del fundamental, no presta atención a las variables financieras o económicas que determinan el valor de los activos. Pone su foco en el comportamiento de los inversores, con el objetivo de determinar cuál es la evolución más probable del precio de un activo en el futuro. Los precios pasados de un instrumento son la materia prima por excelencia del análisis técnico, que realiza estudios gráficos y los combina con indicadores matemáticos para tomar decisiones de inversión.

Un aspecto central del análisis técnico consiste en la identificación de tendencias y su aprovechamiento para la toma de decisiones en los mercados.
El concepto de tendencias básicamente implica que cuando un activo está subiendo o bajando de precio tiende a seguir moviéndose en esa dirección por un período de tiempo. Por supuesto que más tarde o temprano todas las tendencias llegan a su fin, pero la clave de este tipo de estrategias consiste en mantenerse siempre a favor de la tendencia mientras esta siga vigente, y cerrar la posición cuando la tendencia llegue a su fin.

La forma más sencilla para identificar una tendencia consiste en la simple observación de los gráficos de precios. Cuando observamos que un determinado activo se encuentra marcando mínimos que son sucesivamente uno más alto que el otro, podemos decir que estamos ante una tendencia alcista, mientras que cuando vemos que los máximos de precios son más bajos a medida que corre el tiempo decimos que estamos ante una tendencia bajista.

Un soporte es un nivel de precios en el cual aparecen gran cantidad de compradores y los precios dejan de bajar para empezar a subir. Por otra parte, una resistencia es un nivel en el cual la fuerza de los vendedores genera caídas de precio. En este sentido, estamos ante una tendencia alcista cuando observamos soportes sucesivamente más altos y ante una tendencia bajista cuando las resistencias son cada vez más bajas. 


Las tendencias, además, deben definirse en función de cada período de tiempo en particular, dado que es posible que las tendencias sean diferentes según el período de tiempo analizado. Un activo puede estar en tendencia alcista de largo plazo (los últimos meses, por ejemplo) y tener una tendencia bajista en los últimos días. o puede estar en tendencia bajista de los últimos días pero estar subiendo en ese día, cuestión que se observa en un gráfico de pocos minutos.

Muchas veces es posible sacar provecho de estas diferencias en las tendencias de distinto período temporal para tomar posiciones a precios convenientes. Tal sería el caso cuando tenemos una tendencia alcista de largo plazo con un descanso de corto plazo, lo que nos permite tomar posiciones a precios atractivos dentro de una tendencia alcista.

Las tendencias no sólo se analizan mediante la observación pura de gráficos con sus soportes y resistencias. Existen indicadores muy útiles para el análisis de tendencias que tienen que ver con la observación de los promedios móviles de precios.

Un promedio móvil es un promedio de los precios en los últimos períodos (ya sean meses, semanas, días o minutos); se dice que es móvil porque el valor del indicador cambia permanentemente. En un gráfico diario, el promedio móvil de 20 días dejará de incluir mañana el precio de hace 20 días para incluir el nuevo precio.

Cuando los precios se encuentran al alza, suelen encontrarse por encima de su promedio, o lo que es similar, su promedio de corto plazo se encuentra por encima de su promedio de largo plazo. Muchas estrategias de trading con tendencias utilizan las medias móviles para comprar cuando el precio se encuentra por encima del indicador y vender en caso contrario. 

Otra herramienta cuantitativa para el análisis de tendencias consiste en las bandas de Bollinger, que son unas bandas alrededor de la media móvil (generalmente se utiliza la media de 20 períodos) que miden cuando un activo se ha alejado mucho hacia arriba o debajo de la media móvil en cuestión. Las bandas de Bollinger generalmente se utilizan para comprar cuando un activo se acerca a la banda inferior y vender cuando se acerca a la banda superior. 

Las estrategias de seguimiento de tendencias tendrán operaciones ganadoras y perdedoras, como sucede con cualquier otra estrategia. No existe una estrategia que genere un 100% de operaciones ganadoras en los mercados financieros. Sin embargo, presentan una gran ventaja al brindar un claro control de las pérdidas y permitir que las ganancias sean muy grandes cuando se producen buenos aciertos.
En estas estrategias las posiciones se cierran cuando la tendencia se considera vulnerada, con lo cual se evitan así grandes pérdidas de dinero que pueden ser muy nocivas para el capital económico y emocional del operador. Las ganancias, en cambio, pueden ser muy grandes cuando se producen aciertos y se las deja correr en base a la continuación de la tendencia.
No pretendemos decir que las tendencias sean el único factor importante a tener en cuenta cuando se toma una decisión de inversión, pero si hubiera que seleccionar un tema que no debe dejarse de lado nunca, sobre todo cuando estamos dando los primeros pasos en los mercados, este es sin duda el análisis de tendencias. Análisis técnico y Fundamental: diferentes pero complementarios.
En el pasado, se consideraba que el análisis técnico y fundamental eran dos disciplinas incompatibles, y eran muy fervientes las discusiones entre los partidarios de un tipo de análisis u otro. Actualmente, sin embargo, cada vez más los inversores comprender las bondades de utilizar ambas herramientas en conjunto y de manera complementaria.

Supongamos un inversor que considera que determinadas acciones son una buena inversión para el largo plazo. Esta decisión se toma en base al análisis fundamental, pero sería realmente conveniente aplicar un poco de análisis técnico para buscar un punto de entrada que sea lo más conveniente posible. 

Si la acción se encuentra en tendencia bajista, aunque sea una buena inversión de largo plazo, lo más probable es que su precio siga bajando durante un tiempo, así que no tiene sentido apresurarse en concretar la operación. Aplicando algunas herramientas de análisis técnico se puede mejorar enormemente el retorno de las decisiones basadas en análisis fundamental.

De la misma forma, un operador técnico puede haber seleccionado un activo en base a su tendencia de precios, pero ser bien consciente de cómo afectan a estos precios las noticias fundamentales. 

Si la empresa en cuestión, por ejemplo, presenta un reporte de resultados muy inferior a lo que esperaba el mercado, el operador sabe que los precios tienen altas probabilidades de sufrir fuertes caídas. En lugar de esperar a que los niveles de precios confirmen el cambio de tendencia puede resultar conveniente salir de la posición lo antes posible y obtener así un mejor precio de salida.

En definitiva, la vieja dicotomía que planteaba que una clase de análisis era siempre superior al otro y además era el único que valía la pena considerar, va perdiendo valor. 

Los inversores reconocen que tanto los determinantes económicos como el comportamiento de las masas son variables que afectan al retorno de las inversiones. Por supuesto que según la filosofía del inversor se le prestará mayor atención a un tipo de análisis que a otro, pero complementar ambas clases de estudios mejora enormemente la calidad de las decisiones.

Otro tema que muchas veces preocupa a los inversores radica en dónde y cómo encontrar fuentes de análisis e ideas concretas para operar en los mercados financieros. El problema no es sencillo, dado que la gran abundancia de información que existe en la actualidad actúa muchas veces como un arma de doble filo.

Por un lado, resulta muy positivo poder consultar diversas fuentes que brinden análisis que nos ayude a gestionar de la mejor manera posible nuestras inversiones, aunque en otro sentido, toda esta avalancha de información puede resultar abrumadora para quienes no saben bien a qué fuentes darles crédito o cómo interpretarla.

Además, la cuestión de que resulte tan sencillo publicar información financiera y distribuirla a costos nulos en Internet muchas veces juega en contra de su calidad Algunas empresas o analistas a veces pueden publicar datos que no sea del todo precisa o que esté redactada con la única intención de captar clientes para sus negocios, sin demasiada contemplación por generar contenido de calidad que resulte útil en sentido práctico.

Para seleccionar lo mejor posible las fuentes de información, recomendamos tratar de conocer de antemano a quiénes publican determinado análisis. Además, debe hacerse responsable en todo sentido por emitir una valoración crítica e independiente sobre ese contenido antes de tomar alguna decisión.

No es tan difícil separar la paja del trigo en esta industria, pero debe tomarse el trabajo de evaluar con cuidado las intenciones y la calidad profesional de las diferentes fuentes. Cuando alguien brinda opiniones sin demasiado fundamento, o si el análisis parece demasiado sencillo para ser verdad, con alguna propuesta del tipo “hacerse millonario rápido y sin esfuerzo” estamos ante una situación que debería generarnos algunas dudas.

Incluso cuando las fuentes son competentes y bien intencionadas, es necesario que cada inversor decida si está de acuerdo o no con determinado análisis, o si la alternativa planteada es indicada para su perfil.

No debemos olvidarnos nunca de que esta no es una ciencia exacta aunque se apliquen mucho las matemáticas. Como no existen resultados garantizados, cada uno debe prestar atención a las fuentes que consulta y asumir plena responsabilidad por los resultados que surgen de operar esto.

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A menudo los inversores se confunden  a  la hora de determinar en qué radica una política exitosa, cómo deberían gestionar sus activos y si los resultados que  están  obteniendo  representan o no una buena estrategia. para analizar estos puntos, conviene tener bien en claro algunos conceptos importantes.

En primer lugar, debemos definir cuál es una política exitosa. Lo que buscamos en este sentido es que la estrategia cumpla con dos características centrales: que sea eficiente y que sea la adecuada para las necesidades de esa persona en particular.

Una estrategia eficiente es cuando la relación entre riesgo y retorno es positiva en comparación con lo que se puede obtener mediante otras. Por ejemplo, alguien que opera activamente con altos niveles de volatilidad pero que no logra obtener un retorno mayor al de una cartera diversificada de índices a largo plazo, está teniendo una política ineficiente: podría acceder a esos retornos con menores riesgos siguiendo otra clase de propuestas.

De todas formas, más allá de los cálculos fríos de retorno y volatilidad, es muy importante aplicar un plan de gestión de activos que esté de acuerdo con las necesidades de cada uno. Aunque la relación de riesgo y retorno sea eficiente, de nada sirve uno que tenga demasiado riesgo.

Según diferentes perfiles, algunos van a preferir tener una cartera bien diversificada y de largo plazo que incluya activos poco correlacionados e, incluso, una buena proporción de instrumentos de renta fija para asegurarse un retorno y reducir la volatilidad.

Otros, en cambio, tendrán una política activa de selección de acciones, entrando y saliendo de las diferentes posiciones en el mediano plazo. También, hay operadores muy activos que se dedican a operar futuros o divisas en términos intradiarios, es decir, abriendo y cerrando las posiciones en el mismo día. a veces, incluso, realizan transacciones que duran unos pocos minutos.
Estos estilos no son categorías puras, sino todo lo contrario. Muchos inversores conservadores de largo plazo.

Realizan de vez en cuando algunas operaciones más agresivas de corto plazo con una parte pequeña de su portafolio o seleccionan algunas acciones individuales de alto riesgo que consideran tienen mucho potencial de apreciación.

Dado que hoy en día existen muchísimas herramientas para sacar provecho de las oportunidades que brindan los mercados, las ganancias potenciales son teóricamente infinitas y esto atrae a muchos operadores que asumen niveles de riesgo demasiado altos en sus estrategias.
No debemos olvidarnos que mayores retornos vienen acompañados de mayores riesgos, y la idea central no es construir una estrategia que tenga mucha rentabilidad, sino una que tenga la relación de riesgo y retorno adecuada para el perfil del inversor.

Existen diferentes criterios objetivos a tener en cuenta a la hora de definir una política para operar de manera de respetar la tolerancia al riesgo del inversor. Una regla bastante conocida, por ejemplo, es que mientras mayor sea el horizonte temporal mayor será la volatilidad que puede asumir.

Si los fondos van a mantenerse durante un largo período de tiempo, se reducen las probabilidades de tener que vender en un mal momento, justo cuando los mercados están deprimidos y el inversor los necesita con otros fines como la jubilación o la compra de una propiedad, por ejemplo. Por eso se dice que a mayor horizonte temporal, más grande es la tolerancia objetiva al riesgo.

Obviamente, la cuestión psicológica de la tolerancia al riesgo es un aspecto central del asunto. Aún si existen motivos objetivos para plantear que puede asumir un nivel de riesgo medianamente alto, muchas personas simplemente prefieren no exponerse a elevados niveles de volatilidad porque no se sienten cómodas o satisfechas con eso.

Pero también son muy importantes los factores personales, más allá de la tolerancia al riesgo, que hacen a construir una estrategia adecuada. si es una persona que dispone de poco tiempo para gestionarlas, no tiene sentido que se plantee una estrategia demasiado activa y agresiva. Por más que pueda tolerar el riesgo, corre con muchas desventajas al no poder prestarles la dedicación necesaria.

También son importantes las cuestiones relacionadas con el conocimiento y la experiencia del operador. Existen algunas estrategias con opciones, por ejemplo, que generan buenas oportunidades de inversión sin requerir una operatoria demasiado activa.

Sin embargo, para aplicarlas con éxito se requiere cierto conocimiento del mundo de las opciones y sus propiedades matemáticas.

Antes de lanzarse a implementar estas estrategias, resulta conveniente contar con un buen estudio previo de ellas y tomarse un tiempo para practicar con una plataforma de simulación, para así familiarizarse con la forma adecuada de implementar las operaciones.

En definitiva, no resulta buena idea preguntarse en el vacío qué retornos son posibles en los mercados financieros. Estos dependen de muchísimos factores que además cambian con el tiempo. Una pregunta mucho más inteligente y adecuada a la realidad es:

 ¿Cuál sería una estrategia de inversión adecuada para mi perfil de inversor?


Por supuesto, hay que tener en cuenta que su perfil cambia con el tiempo y, por lo tanto, la estrategia debe ser flexible. La situación patrimonial o el horizonte temporal de un inversor pueden modificarse por cuestiones personales, con lo cual su política debe adaptarse siempre a estos cambios. A medida que los inversores incrementan sus conocimientos, además, suelen aprovechar la nueva capacitación para implementar estrategias más  sofisticadas.